
destruir la realidad
para construir la libertad
o su sinónimo:
la ciudad hecha con pedazos de ciudades, de instantes, de almas:
el testimonio de Vida, el hogar latente.
destruir el lazo, el orden establecido
y agarrarse a aquello que está más lejos, incierto, extendido,
necesitar que te amen, que amen todo eso que eres
y, al mismo tiempo, la figura que contiene
todo lo que hay de indisoluble a tu silencio
(la sombra que duerme entre tus muslos, el espejo cóncavo que respira por dentro, tus miedos, tus carreteras de lunares, tus anhelos, tus habitantes).
mientras vaya en camino, mientras continue intentando alcanzarme:
seguiré escribiendo, haciendo listas de cosas pendientes, raptando pedazos de canciones para liberarlos en los apuntes de clase, anunciando viajes repentinos, enamorándome de los aviones, de los sueños, de los imposibles, acostándome tarde, apagando la alarma del móvil con los ojos cerrados, maldiciendo mi impuntualidad por exceso o por defecto, recordando la geometría irregularmente perfecta de cada (des)encuentro, soplando el café caliente y virtiendo luego la espuma de leche fría, acumulando canciones como si fueran tesoros, oliendo la canela que se queda entre las manos, desterrando los relojes al fondo del bolso, adjudicando los pronombres, manchándote de azul como quien se salpica inevitablemente de promesas, buscando diariamente una nueva cuenta atrás, aprovechando los semáforos para poner el punto muerto
y mirar al cielo.
hay cosas que no quiero tener nunca, que no quiero comprender nunca. hay cosas que no quiero aprender. o, mejor dicho, que quiero seguir aprendiendo el resto de mi vida.
hay cosas que no quiero decir nunca, que no quiero escribir nunca. hay cosas que quiero
que sólo tu veas, que sólo tú seas
capaz de l e e r
sobre el corazón.





