miércoles, 23 de noviembre de 2011

allí está ella.



(tres)

A veces queda una luz encendida en toda la ciudad. 
Una muñeca rota en el suelo, una gota de lluvia sobre el dedo anular, 
un carrusel encima de la libreta, un mapa del mundo hecho para dibujar,
un círculo polar en la distancia que nos separa,
una palabra que quiere subirse al avión, 
un billete de ida perdido en algún cajón,
un 'buenas madrugadas y adiós', 
de nuevo, apuntando
hacia el corazón.


A veces queda ella. En mitad de nada, dentro de nadie.
Se afilan los versos. Las palabras tienen sangre.


Queda ella y arrastra bajo la piel
un escenario gigantesco.
Abre el telón y recita su texto:
'Cierra los ojos y grita, grita, grita, grita, 
solo me da miedo el silencio, tengo miedo a que sigas callando,
que te anudes los labios a ese cielo que no alcanzo,
grita, dame alas, grita, haz que explote todo
si todo 
está a punto de acabar, 
grita, grita, grita.
¿A qué demonios estás esperando?
Grita, haz tuyas las vocales, las sílabas que arden,
los puntos finales, la tinta azul,
grita de una vez, deja de contener
todo este aire, grita y haz que esto
pertenezca a alguien, grita, grita,
grítame y préndele fuego al papel".

(dos)

Se cierra el telón y la vida
sigue recitando su historia:


Recogen los vasos sucios, se amontonan las canciones,
 los deseos y las noches sobre la barra del bar, 
se amontonan las voces que dicen "hay que cerrar"
 y ella agarra las palabras, el bolso, la esperanza,
ella le da un portazo a algún sueño y se vuelva a largar,
entonces se mueve con prisas
entre algún tipo de huracán, se mueve entre una voraz lucha de vidas y labios que se buscan,
allí en mitad de nada, en el centro de nadie, 


allí está ella mientras todos bailan, quizás él la mira, quizás él la observa y ella se da cuenta, 
pero de nada sirve, piensa, nada de eso importa 
si  alguna estrella abre las piernas y entonces y de repente la luz se aleja, 
siempre brilla más lo que parece estar menos cerca, 
si pudiera decirle:
 'eh, arráncale la falda a esta sombra y fóllate mi tristeza,
ya ves, solo ahora sé que nos brillaba el caos, la lejanía dentro de una misma habitación,
 los kilómetros entre tu voz y mi voz, el último trago de una copa 
que retrasé para detener el tiempo entre tú y yo'

(uno)

pero 'larguémonos ya' decían las agujas del reloj, 
y se repite ese momento, esa hora en la que se sacan las llaves, las entrañas 
y se vomita el alma sobre el asfalto, 
y reaparece ese silencio, y se aprietan los recuerdos, la piel fría del otoño, el dedo meñique buscando tus dedos,
reaparece la distancia, el charco de palabras, 


y se van,
aunque ella no quiera marcharse y solo piense en volver atrás,
aunque conduzca por las mismas calles y todo resulte conocido,
los mismos carriles que se inundan de rimel corrido, las mismas farolas que se convierten en ojos, y lo mancha todo, todo, 
cambia de marcha 
y vuelve a mancharlo todo, todo, 
todo se mancha con carmín rojo, 


se va, se va hacia el borde de otra madrugada, se va con la voz interior que siempre preguntaba "¿estamos llegando ya a casa?", 
se va con el latido frío y silencioso que creía haber encontrado en tus ojos un atajo hacia alguna parte, una puerta de llegada... 
y que aún no sabe si se equivocaba. 

( )
CERO.

Llega a casa.
Y entonces enciende la última luz artificial 
de toda esta puta
y hermosa ciudad.
Allí está ella, 
de nuevo.







lunes, 14 de noviembre de 2011

¿quién habla de poesía?

léelo de forma distinta:




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